Ir al contenido principal

El osito gigante del mal

¿Alguna vez has dejado un paquete de ositos de gomita en el coche? ¡No lo hagas!
En vez de una bolsa con ositos de gomita tendrán una bolsa con una fusión (al estilo de película japonesa de robots espaciales) de ositos en una inmensa bestia que puede hacerles pasar un mal rato, y ser causa de discordia entre sus niños.

No. En serio. No se rían.

Ayer mis criaturitas estaban especialmente rijosas. Veníamos en Lichi camino a casa tras un agotador día de escuela. No habían dormido siesta (y yo tampoco). Hacía calor. Teníamos hambre. El tráfico… bueno, el tráfico se comportaba como tráfico, y mis fieras como fieras.
Todo era causa de diferendo y de pleito. En algún momento comenzaron a pelearse porque:
— ¡Es mi mamá!
— ¡No! ¡Mía mi mamá!
— ¡Es mi mamá! ¡No es tu mamá!
Y se desató el pandemónium.

Traté de hablar con ellos, traté de mediar, traté de negociar. Regañé. Exigí. Propuse. Nada, ni una parvada de pericos es tan escandalosa y conflictiva como lo que traía en los asientos de seguridad (que afortunadamente impiden que se alcancen mientras conduzco).
En algún momento se me ocurrió sobornar al mayor con unas golosinas. Abrí la bolsita de una marca famosa y le pasé lo que creí que serían ositos de gomita. Era una plasta.
De alguna manera la plasta pasó a manos de la pequeña, porque decidieron compartir el botín obtenido. Al no poder repartirlo, el caos volvió a empezar, y mi desesperación también.

¿Se hubiera visto muy mal que los dejara en el parque? Ya pueden reírse.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Melancolía por la adolescencia

Anoche, noche de insomnio, noche de trabajo hasta tarde, noche extraña de celular en mano junto a mi niño dormido. Anoche, decía, en la  noche platinoche  noche, que noche nochera, no vino la Guardia Civil, pero sí una sorpresa que terminó de alejarme el sueño por un buen rato. Seguramente la gran mayoría de ustedes estarán familiarizados con el estilete de la nostalgia por la adolescencia. Yo no: ayer fue la primera vez en mi vida que sentí, aunque pasajera, la melancolía por esa época poco menos que idílica de nuestras vidas. La verdad es que mi adolescencia no fue idílica, ni de cerca. Ni siquiera la recuerdo como una época feliz. Tenía la cara como una piña colorada por el acné y (me han dicho) probablemente rosácea. Y, siendo el costal de hormonas que era, vivía buscando quién me hiciera el favor de acostarse conmigo, lo que era particularmente difícil pues siempre he sido dolorosamente introvertido, y encima con un sentido del humor vitriólico, sarcástico, afilado...

¿La familia perfecta?

Si nos ves de fuera, somos la típica familia feliz: Mamá, Papá, Hijo, Hija y mascotas (una perrita vieja y un nuevo pez). Pero, si nos miras más de cerca, notarás que no, que estamos llenos de rarezas, neuras, loqueras, enojos, manías, aceleres, déficit de atención, y mucho más. Total, un Caos ...y un vaso de Leche tibia al final del día. En este blog te hablaremos de nosotros, de cómo navegamos cada día este vaivén cotidiano, cómo nos las apañamos a veces y a veces fallamos. Cómo nos queremos y a veces nos desqueremos. También hablaremos de escuelas, ya que, si sumamos, los adultos de esta casa trabajamos 35 años en educación, y ahora nos toca estar del otro lado. Para eso tendremos las secciones Diario Freinet salteado  (donde platicaremos de nuestro viaje acompañando al niño en una escuela de pedagogía Freinet) y Edúquenme . Hablaremos de crianza con apego en Muéganos , y en Diversidad, diversión  les platicaremos de formas nuevas y distintas (como la nuestra) de ...

Caos: Regreso a clases

Lunes; no sólo eso, primer lunes laborable del año. Regreso a clases después de unas divertidísimas y agotadoras (para los adultos) vacaciones. Volver a preparar el almuerzo (o lunch , como insisten en llamarle en la escuela) la noche anterior; volver a las carreras en la mañana; volver al tráfico inclemente, ese monstruo de millones de cabezas enloquecidas, de nuestra ciudad; volver a levantarse temprano, y, reconozcámoslo, como casi todas las familias, a la duda nocturna de si seremos capaces de levantrarnos todos a tiempo. ¿Nos levantamos? Sí, con poco margen pero lo logramos todos. O casi: a la pequeña le costó mucho trabajo; de por sí no es de espíritu madrugador, como el mayorcito, que de hecho se levantó antes que nosotros y se escondió a jugar en un armario. Nos hizo migajas el corazón con su "No quie'o depetame ", pero a final de cuentas lo hizo y logró alcanzar su buen humor habitual antes de subirla al vehículo familiar, Lichi , por mal nombre. En fin, ya tr...